Fracasados y contentos

Los relatos que nunca ganaron nada

De lo bello a sus vellos (0)

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Por Eric Ahumada


Uno siempre guarda algo de esperanza contra la fatalidad; ver las cosas en sí mismas, lo ha dejado claro la fenomenología, es divertimento escatológico para estómagos de burro. “¿Qué dosis de verdad puede soportar el hombre?”, esgrime a Nietzsche con maestría Samuel Ramos en su Psicoanálisis del mexicano. Esto viene a colación porque la última vez que escribí una “carta de motivos” tuve la ocurrencia de hacerlo para una chica de buen corazón y un pasional desconocimiento de los buenos modales. “¡A poco escribiste tú esto!” dijo celosa de su tosquedad en letras pero con un intuitivo gusto en arte (descubriría después). No negaré que mi primera intención fue sorrajarle un zape: escupirme sin enojo su sana sinceridad con la expresión, paradójicamente, tan cándida en su profunda ignorancia, minaban la vanidad construida de halagos forzosos, miradas coquetas, besos furtivos y hechizos de sirenas terrestres. En ese instante decidí no escribir más cartas para colegialas, cambiar de hábitat, recortar la pubertad y seguir con mis especímenes recurrentes.

Se preguntará: “¿yo qué tengo que ver en esto?” En apariencia nada, pertenece usted a las mujeres espontáneas, escapistas caprichosa y consentidas como lo delata ese andar bucólico saltando trampas caseras y, he aquí la gran diferencia, ejerce a marchas forzosas el candoroso “deseo de conocimiento y superación” versa la voz cantante del pueblo. Tan curiosa e inquieta, pese la fealdad del mundo ensuciándole el atuendo de astronauta, sabrá apreciar las buenas formas zalameándole el orgullo. Que ¿cómo puedo saberlo? Un vistazo a sus quehaceres demuestra heroico superviviente a su buen gusto: trabajar de publicista conservando este halo prodigioso, no merece más que una tunda de aplausos y fanfarrias. Y no lo sé de oídas.

La he visto levitar por el barrio recién despierta cargando las bolsas de basura tal si estuviese bailando para Auguste Renoir con sus rosaditas naves galácticas desnudas. El replique de las campanas llamando a tirar nuestras mugres acompasa sus atildados pasos con el eslogan “se solicita muchacho: buena presentación, excelente curriculum, con dinero, sepa dar masajes y contestar el teléfono”, que hace algunos días publicó desinhibida y orgullosa, y no ostentando rudas formas de solterona como cacarean perniciosas las lenguas ladinas. La noble publicidad, muy por el contrario, la glorifica versada en asperezas, chabacanerías mercantiles e ignominias de baturros ponedores.

¡Mantis Religiosa, antaño La Migajita, en su lecho de despojos me asumo candidato idóneo a la decapitación! No, no soy rico, vivo por fortuna como aquél, contemporáneo narciso, de los hallazgos y sorpresas perdidas por otros. Vida harto modesta, pero a cambio: sudosa sensibilidad contemplativa y cotidianeidad almizclera y aceitunada.

Como la sé sin remilgos ni mezquindades; caritativa, sabrá retribuirme con un sencillo gesto: ¡quítese ese horrible bigote y depílese las piernas! ¿Cuándo ha visto escultura alguna con protuberancias en los muslos u óleo con mostacho? ¿Se imagina espinosa a la “Joven virgen autosodomizada por su propia castidad” de Dalí, o escandalizada por olvidar el rastillo a “Intentando lo imposible” de Magritte? Jamás. Habrá voces ralas y diatribas contra este paradigma: “¡Atentado a la naturalidad liberadora de nuestras hirsutas! ¡Sarcasmo enmascaro de razón! ¡Moda europeizante disfrazada de paradigma calológico!”. ¡Patrañas! Qué saben estos asaltabraguetas academistas —diría Maples Arce— del exótico despertar liado entre pieles satinadas, cuando el insomnio les mal gasta jugarretas henchidas de andrógeno; una cosa es Frida Kahlo estética, perpetua obra de arte, y otra tener una bigotona en casa. No la negaré, sin embargo, hipérbole erótica y la metáfora de vacío, reafirmaría Eliseo Subiela quedándose con la lampiña.

¡Pero quite usted esa cara! Lo sé, no necesita acomedido que solvente la bicoca o los céntimos de una depilación láser, pero le aseguro una excelente compensación: tiene al hombre de sus sueños o, siendo realistas, gozará, soslayando, al enjambre de moscardones embelesados tras sus mieles.







Cuento publicado en:

http://www.alcalorpolitico.com/cgi-bin/hemeroteca/detallenota.php?nota=34099&texto=de%20lo%20bello
y en: http://www.corporacioncapilar.es/concursorelatos/depilacion-tecnicos/304/de-lo-bello-a-sus-vellos.html



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