Fracasados y contentos

Los relatos que nunca ganaron nada

Mujer simulada (0)

13:55 by , under

Por Eric Ahumada




Exterior. Plano general mañana
Nos encontramos enclaustrados en una colonia popular. El silencio típico de un día feriado, las nubes rulfianas y (a veces audible) el sonido de la autopista que va hacia la capital. Profundo hedor ordinario arrastrado por el viento otoñal o destellos de felicidad melancólica; variables empáticas.
Interior. Paneo oblicuo
El departamento es un cuadrado carcelario, accidental por un rincón práctico y despreocupado por los adjetivos decorativos; extraído, —piensan los personajes con pasión acrítica—, de un grabado de Piranesi. De las paredes cuelgan reproducciones caseras de las seis aguafuertes de Hans Bellmer que acompañan la edición TusQuets de Historia del ojo de Bataille y, sin la misma majestuosidad, guindan notas amarillas y verdes con temas para cuentos, deudas exhibidas con dignidad pagadera, números telefónicos, citas como “Et nous alimentons nos aimables remords,/ Comme les mendiants nourrissent leur vermine…” de Baudelaire, o “Puedo manejar un pico y una pala de nuevo (creo)/ y puedo conseguir/ 25 billetes por un combate a 4 asaltos…”de Bukowski.
En ángulo bajo y barrido una chica se medio quita orgullosa y desinhibida, como citara a Moterroso, a Santos Dicépolo, o Arreola, el pantalón vaquero talla cinco, dejándose los converse negros, mientras tatarea frases apenas perceptibles.
La cámara hace un dolly hacia delante siguiendo el movimiento desinteresado de la chica que se da dúctil y cabrona. Acercamiento al abdomen que se detiene frente a cámara.Una mano ávida le acaricia las nalgas y le juguetea las bragas con moñitos.
—No sé, quizá no termino de irme ni te he cambiando porque te imagino un hombre diferente todos los días —musita—. “Pa’pa’rupa’pa’ euu, euoo/ Pa’pa’rupa’pa’ euu, euoo/ Pa’pa’rupa’pa’ euu, euoo/ Pa’pa’rupa’pa’ euu, euoo/ Nos besamos bailando/ en medio del lugar./ La música ya iba llegando al último compás…” —Explaya a pulmón lleno siguiendo a Rica Canta el Agua que azuza desde el estéreo.



En cuadro la chica da dos paso hacia atrás, gira, piensa quizá, que el mundo cambia mientras se viaja a otro punto fijo y ella intentando ser otras, muchas y ninguna igual a sí misma, ni sí misma parecida a la imagen en el espejo; piensa y cambia o piensa, cambia y se ve en otras. Ofrece sus nalgas redonditas y sus caderas estrechas, quebradizas (parecidas a Martha Higareda), pero tan firmes para soportar, con algunos raspones y un esguince de tobillo (Flashback. Toma con grúa-ciudad-noche), el golpe de un Jetta rojo (dolly-cámara subjetiva), salir volado y caer por la torpeza de un junior a toda velocidad. En Ángulo bajo convida sus nalgas pletóricas, equilibristas y perfectas, de puntillas clásicas exhala tranquilamente su deseo de vivir, zigzaguear y jugar para él a la puta con billetes.



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Autorretrato polifónico (0)

23:23 by , under

Por Calletano Domínguez



Soy un hombre razonable, por buen gusto no podré negar que también un cretino. Mi principal virtud: mediocremente bueno en todo lo que hago. Dejo a juicio no haberme apasionado por algo que no sea ella. Dicen por ahí: “las oportunidades están, nada más es cosa de cogerse al toro por los cuernos”. Ni soy torero, ni confío en la fortuna. La vez que accidentalmente me tiraron al ruedo me faltaron agallas.

Las palabras queman si no las escupes en la cara, −quiero creerlo−. He ido por la vida con sigilo, cuidándome de no volver a caer en algún abismo, la última vez me costó varios años de melodrama, una pierna rota y catalepsia intelectual de tropos de celofán barato. No nací juglar, ni genio maldito, no soy un Baudelaire, ni un Arreola; soy un estulto tras la perpetuidad con esperpentos difusos, desidiosos y henchidos de eclécticas patrañas caseras.




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De lo bello a sus vellos (0)

8:36 by , under

Por Eric Ahumada


Uno siempre guarda algo de esperanza contra la fatalidad; ver las cosas en sí mismas, lo ha dejado claro la fenomenología, es divertimento escatológico para estómagos de burro. “¿Qué dosis de verdad puede soportar el hombre?”, esgrime a Nietzsche con maestría Samuel Ramos en su Psicoanálisis del mexicano. Esto viene a colación porque la última vez que escribí una “carta de motivos” tuve la ocurrencia de hacerlo para una chica de buen corazón y un pasional desconocimiento de los buenos modales. “¡A poco escribiste tú esto!” dijo celosa de su tosquedad en letras pero con un intuitivo gusto en arte (descubriría después). No negaré que mi primera intención fue sorrajarle un zape: escupirme sin enojo su sana sinceridad con la expresión, paradójicamente, tan cándida en su profunda ignorancia, minaban la vanidad construida de halagos forzosos, miradas coquetas, besos furtivos y hechizos de sirenas terrestres. En ese instante decidí no escribir más cartas para colegialas, cambiar de hábitat, recortar la pubertad y seguir con mis especímenes recurrentes.

Se preguntará: “¿yo qué tengo que ver en esto?” En apariencia nada, pertenece usted a las mujeres espontáneas, escapistas caprichosa y consentidas como lo delata ese andar bucólico saltando trampas caseras y, he aquí la gran diferencia, ejerce a marchas forzosas el candoroso “deseo de conocimiento y superación” versa la voz cantante del pueblo. Tan curiosa e inquieta, pese la fealdad del mundo ensuciándole el atuendo de astronauta, sabrá apreciar las buenas formas zalameándole el orgullo. Que ¿cómo puedo saberlo? Un vistazo a sus quehaceres demuestra heroico superviviente a su buen gusto: trabajar de publicista conservando este halo prodigioso, no merece más que una tunda de aplausos y fanfarrias. Y no lo sé de oídas.

La he visto levitar por el barrio recién despierta cargando las bolsas de basura tal si estuviese bailando para Auguste Renoir con sus rosaditas naves galácticas desnudas. El replique de las campanas llamando a tirar nuestras mugres acompasa sus atildados pasos con el eslogan “se solicita muchacho: buena presentación, excelente curriculum, con dinero, sepa dar masajes y contestar el teléfono”, que hace algunos días publicó desinhibida y orgullosa, y no ostentando rudas formas de solterona como cacarean perniciosas las lenguas ladinas. La noble publicidad, muy por el contrario, la glorifica versada en asperezas, chabacanerías mercantiles e ignominias de baturros ponedores.

¡Mantis Religiosa, antaño La Migajita, en su lecho de despojos me asumo candidato idóneo a la decapitación! No, no soy rico, vivo por fortuna como aquél, contemporáneo narciso, de los hallazgos y sorpresas perdidas por otros. Vida harto modesta, pero a cambio: sudosa sensibilidad contemplativa y cotidianeidad almizclera y aceitunada.

Como la sé sin remilgos ni mezquindades; caritativa, sabrá retribuirme con un sencillo gesto: ¡quítese ese horrible bigote y depílese las piernas! ¿Cuándo ha visto escultura alguna con protuberancias en los muslos u óleo con mostacho? ¿Se imagina espinosa a la “Joven virgen autosodomizada por su propia castidad” de Dalí, o escandalizada por olvidar el rastillo a “Intentando lo imposible” de Magritte? Jamás. Habrá voces ralas y diatribas contra este paradigma: “¡Atentado a la naturalidad liberadora de nuestras hirsutas! ¡Sarcasmo enmascaro de razón! ¡Moda europeizante disfrazada de paradigma calológico!”. ¡Patrañas! Qué saben estos asaltabraguetas academistas —diría Maples Arce— del exótico despertar liado entre pieles satinadas, cuando el insomnio les mal gasta jugarretas henchidas de andrógeno; una cosa es Frida Kahlo estética, perpetua obra de arte, y otra tener una bigotona en casa. No la negaré, sin embargo, hipérbole erótica y la metáfora de vacío, reafirmaría Eliseo Subiela quedándose con la lampiña.

¡Pero quite usted esa cara! Lo sé, no necesita acomedido que solvente la bicoca o los céntimos de una depilación láser, pero le aseguro una excelente compensación: tiene al hombre de sus sueños o, siendo realistas, gozará, soslayando, al enjambre de moscardones embelesados tras sus mieles.







Cuento publicado en:

http://www.alcalorpolitico.com/cgi-bin/hemeroteca/detallenota.php?nota=34099&texto=de%20lo%20bello
y en: http://www.corporacioncapilar.es/concursorelatos/depilacion-tecnicos/304/de-lo-bello-a-sus-vellos.html



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Querida (aquí el nombre de ella):


No sé qué sea más triste, saberse un cretino o no tener idea. Te largaste apenas ahogaba el llanto para despedirme. Las palabras atoradas en el gaznate como un zoquete de frustraciones. El semblante patético y cabizbajo buscando consuelo sin atreverte a pedirlo.
Definitivamente soy un cobarde que no soporta verte en “borrego a medio morir”. Eres tan linda en tu plan de boba, brincoteando como dibujo animado. Suficiente es pasarse un fin de semana solo con sus miserias, como para que al sueño le falte grenetina.


(No olvide su nombre)





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¡Circe! (3)

19:16 by , under


Como iba resuelto a perderme, las sirenas no cantaron para mí.
Julio Torri


Me decidí por la morena sin pensarlo, basto tenerla unos segundos de frente, a mi lado, en
panorámica y con la expresión de “sé muy bien de lo que te hablo (pero me gusta echar la hueva)”. La imaginaba desnuda hablándome de Cortázar y su “Casa tomada”, de Borges y sus gilipollas. Me miró, sin frivolidad ni ganas, vacía, pensé en la mejor forma de sentarla en mis piernas, atragantarme y posibilidades remotas de amores domésticos, melodramas caprichos y berrinches.
Las ganas de escribirle me las aguanté; es buena lectora, y se daría cuenta de que me trae
pendejo y caliente (“no sé me importa un pito” averiguar si acabo de escribir un pleonasmo). Cartuchos de bajo calibre disparados en zona neutral: pequeña y delicada, su belleza es mítica, mestiza, de rasgos suaves como “piel de durazno”, sus ojos dorados de miel son seductores pasos acolchados como invitación a brincarse la alambrada del paraíso, cabello negro de franco modernismo de no más de veinticuatro años, oculto en sandalias de celosía, el embriagado swing “Kiss of fire” de Louis Armstrong.
Decirle “vivo atado a los caprichos de un fantasma” hubiese sido idiotez.





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El cosquilleo de tirarte sobre conceptuales y confusas obras de arte, olerte, chuparte, amarte y cogerte todo en el paroxismo de amores inolvidables, sublevado al recato público de un beso en la mejilla.
(El arte no necesariamente es apolítico y amoral). Te veo en un óleo gozándonos sobre los Philippe Starck (el amor no siempre debe ser suave), de fondo, contemplándonos con envidia y recelo, la maja azuzando a la bestia: embistes frenéticos y galleos de felina. La revolera final , suspendida in media res, dando pase a la plétora de jadeos amarillos acompasados por la fuente eléctrica de feng shui. La secuencia rueda hasta caer sobre el parqué plástico, espasmos de equilibristas a orillas del abismo. A punto de dar el salto, el escalón de “pon atención acá o te rompes un brazo”.
Tu amabilidad anacrónica, ese desgaire de labios carmesí deseosos y mis fruslerías de enamorado perpetuo razones suficientes para no brincar del tren.






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Te quería meter la lengua entre los labios by Eric Ahumada is licensed under a Creative Commons Atribución-No Comercial-Sin Obras Derivadas 3.0 Unported License.



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